[ Pumitas A.C. ]
Recuerdo esos primeros meses de año en cada temporada, un poco tediosos, tronco común, osea todos contra todos, sin saber quienes serían los verdaderos coaches por categoría y ahí nos tenían corriendo de un lado para otro y todos esos interminables ejercicios de izquierda-a-a-a-a-a-a... derecha-a-a-a-a-a-a-a-a... Hasta que pasados 3 o cuatro meses las cosas se iban aclarando y ya podíamos tocar un balón, ja-ja!
Y que tal los entrenamientos de acondicionamiento físico en el Bosque del Pedregal, a subir en "fila india" cuesta arriba hasta llegar a la barda trasera del entonces Reino Aventura y de ahí de regreso... los que pudieran llegar en dos pies.
Ya en temporada regular, recuerdo esos eternos entrenamientos... ah! como me gustaba hacer "matador" izquierda-derecha, pero no de pijo, ese me dejaba viendo estrellitas y más allá de lo evidente. De igual forma el "círculo romano", era de gran espectativa y me moría de ganas por saber contra quien pegar, excelentes ejercicios de reacción.
Las multiples "lomitas" a lo largo de los campos de entrenamiento, infundían respeto, sobre todo cuando tocaba subir de "patito" o cargando de "caballito" a un compañero en una pendiente de más de 45° grados, ah! pobres tobillos de uno y no por el esfuerzo, sino por el "chicotito" de Tite Lara... je-je! ese hacía que prendiéramos las turbinas.
Pero creo que todos sentíamos el gran alivio cuando tocaba la hora de "pulir jugadas" y sobre todo cuando por alguna extraña y milagrosa razón podíamos tocar el campo sagrado de juego. Este era como una "alfombra roja" que no cualquiera podía tocar en los entrenamientos. Aunque realmente los únicos dueños de él fueron los topos.
Y como postre de entrenamiento los "mega-arrancones finales" de lado a lado del campo, que en consecuencia de un segundo esfuerzo y no tener tiempo ni de pensar si eran cansados o no, todo fluía de manera automática hasta escuchar del silbato, el pitazo final.
... Y "la hora seria" al final de los entrenamientos, siempre la recurdo a cargo del coach Nei, era su especialidad, era su momento, era su soundtrack. Todos callados y regañados, pero se le quería mucho y sabíamos que era por nuestro bien.
Y finalmente llegaba el ancioso fórmate 5 veces a la fila para tomar agua hasta más no poder...
Dentro de los mitos y realidades... Nos encontramos en el día de "entrega de Jersey", wooow! todos con la curiosidad de saber como eran, pero orgullosos de portarlo. Entonces dabamos comienzo al ritual bajo el gran "Árbol de Pirul" con unas ramitas a sacudirlo y llenarlo de buena vibra.
Llegaba entonces, el día sagrado y la hora esperada. Al pisar tempranamente el campo de juego recien pintado, olerlo y saber que lo acaban de podar, si, si... ¡es todo nuestro! por casi tres horas... Nos hacía meditar en la gran responsabilidad y compromiso que cargaba sobre nuestros shoulders y no quedaba más que apretar con fuerza el jersey que portábamos y pedir porque este fuera un gran juego y un día especial que habíamos reservado por 6 días de duro entrenamiento y sacrificio personal. ¡Nos lo merecíamos!
Llega la patada inicial, aunque las tribunas retumban en un caos de porras, (ehhhhhhhh!) se siente un silencio que inicia la concentración y lectura del juego. Pues nuestra mente solo está trabajando en lo que día a día se preparó y no hay más. Los rivales, serán buenos o malos jugadores pero la única meta es faltarles ese respeto y demostrarles que a la misma altura estamos y la moneda está en el aire. Pero el coraje y confianza en nuestra habilidad y preparación hacen la diferencia y entonces las cosas empiezan a salir bien y ahí vamos, avanzando, sí, muchos castigos de posición o sujetando, pero es momento de resolverlo con jugadas arriezgadas, carreras largas y efectivas, y largos pases de Millotte, Jara, Domingo, Langrave o Jorge Nava.
Al final, fuera cual fuese el resultado todos a nuestro alrededor nos apoyaban y recitaban hímnos de soliralidad y entrega. Pues quien más que nuestros padres, familiares o amigos sabían del gran esfuerzo que se había dejado en este encuentro. Y para nosotros la mejor recompensa, la oportunidad de vivir esas grandes experiencias y ser protagonistas de los mejores desafíos que como equipo sabíamos resolver.
Todo esa emotividad, finalmente se reflejaba en las acostumbradas convivencias, que no todos los equipos tenían, pero que en nosotros ya eran toda una tradición. Entonces, ya todos relajados, con el juego ganado o perdido, pero felices de completar nuestra gran y noble tarea de ser los mejores jugadores que podíamos ser, pues acertados o no, se que todos dábamos de sí, toda el alma desgarrada en ese sagrado campo de este gran equipo, PUMITAS A.C.
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Quiero agradecer de todo corazón a todos aquellos coaches que me ayudaron... (que nos ayudaron) a crecer, adquirir fortaleza física-mental y dedicación para dar siempre "un plus" dentro y fuera de este bello deporte, pero sobre todo a ser MEJORES PERSONAS, como lo fueron: |